martes, 8 de mayo de 2012

Lograr el éxito es posible


Lograr el éxito es factible

Hola nuevamente, me contenta mucho que te estés tomando el tiempo de leer lo que he escrito para ti y que podamos reflexionar juntos, durante algunos minutos y de manera sencilla. Gracias por recibirme y aceptar mis experiencias. También te doy gracias por ayudarme a lograr mis metas, mundanas y espirituales. Si sientes un poco de estrés, relájate, respira, has unos estiramientos y vuelve con la mente abierta para leer este pequeño texto. Si tienes dudas o preguntas, contáctame, con gusto dedicaré algo de tiempo necesario para ayudarte a aclarar las dudas que tengas.

Este blog está creado para ayudarte a ver la felicidad como algo alcanzable y permanente. En el camino recorrido he pasado por mis altos y bajos, pero luego de 18 años de trabajo constante y paciente, me siento un aprendiz que va por el camino correcto. En uno de mis mensajes de twitter escribí: ‘la verdad nos libera y nos libera tanto que debemos comenzar por decírnosla a nosotros mismos y aceptarla por completo. De esa manera, podremos conocernos a nosotros mismos de manera profunda y perfecta, solo así podremos comenzar nuestro andar hacia la felicidad plena.’ A continuación conozcamos cuál es el efecto liberador de asumir una verdad.

En esta oportunidad, me encantaría que habláramos de los cambios que tuve que realizar en mi vida para dejar de tener conductas que me alejaban del éxito. Yo nací en una familia de clase media baja, mi madre era la única con un título universitario y el resto de mis familiares eran trabajadores, algunos tenían buenos empleos pero tenían conductas que no los ayudaban a surgir. Por el contrario, tenían conductas que los llevaban a fortalecer una serie de malos hábitos. Creía que la única forma de salir adelante era con un gran negocio o con un golpe de suerte que diera el cambiazo de un solo golpe. Lo más positivo que aprendí de todo eso, fue la esperanza. Por otro lado, mi abuelita se quejaba siempre de la suerte que había tenido en la vida y de las cosas tan difíciles por las que tuvo que pasar y como le habría gustado que todo fuera diferente. En ese ambiente crecí y aprendí muchas de esas conductas y hábitos, los cuales experimente durante años, obteniendo lo mismo que mis familiares y haciendo lo mismo que ellos, quejarme y victimizarme. Sin embargo, algo dentro de mí, me decía que podría romper con eso, que era cuestión de tiempo. Desafortunadamente, no sabía ni cómo, ni cuándo.

Para mí, yo solo era más que una victima de mi entorno y de sus circunstancias, constantemente estaba compitiendo con las personas, tenía una actitud despótica porque me creía mejor que todos y consideraba que merecía estar en la cima. Notaba lo mal que hacían su trabajo, todos los que estaban a mi alrededor y de todos los errores que cometían, no dejaba pasar por alto lo mediocre que eran. Me victimizaba cuando los profesores mostraban preferencias por ellos, no entendía que mis superiores hiciesen lo mismo. Eso me negaba la oportunidad de crecer y de surgir. Nunca obtenía el reconocimiento que deseaba. Siempre era culpable alguien más. Hoy día puedo decir esto, pero te juro que durante años, estuve en la negación, así como otros dirán que sólo su jefe es culpable, porque es una mala persona. Además, mis amigos del trabajo también eran victimas, se sentían heridos, menos preciados y abusados, juntos alimentábamos nuestros egos diciéndonos que merecíamos algo mejor y no éramos reconocidos, otros de mis amigos eran, precisamente, los que no eran muy buenos trabajadores, todo debido a ese enfermizo complejo de superioridad que creaba una inmensa necesidad de alimentar mi ego y sentirme mejor que los otros.
Así que mi primera nueva conducta debía ser; ver las cosas con los ojos de la realidad, es decir, enfrentarme a la verdad y comenzar a ser amable con todas las personas. Siendo gentil y tratando bien a todas las personas, te sientes menos tenso y puedes establecer mejores lazos comunicacionales en tu ambiente laboral.

La segunda conducta a cambiar era ser más positivo, dejar el pesimismo y la negatividad de lado, viendo lo bueno de todo lo que vives y aprendes en el trabajo, que de seguro te servirán en algún momento en el futuro, cuando tengas una mejor posición, o simplemente, el día que cambies de empleo.

Continuando con la narración, recuerdo bien como solía presumir delante de todos, mi éxito económico, ya que tenía un pequeño negocio fuera de mi trabajo. En líneas generales, me iba muy bien, gastaba exorbitantes cantidades de dinero en cosas superfluas y fui llegando a un punto en el que un pequeño inconveniente de negocios me sumió en cuentas por pagar y me hizo perderlo todo.

Por lo tanto, el tercer comportamiento nuevo que me tocó aprender fue administrar mejor mis recursos. Si tienes un pequeño negocio adicional a tu trabajo, sigue adelante, de seguro tendrás todo el éxito si trabajas duro, pero sobre todo, si controlas bien tus gastos. Haciendo primero lo pequeño, pasando por lo modesto hasta llegar a lo más grande.

Otro recuerdo, es lo recurrente de mis actitudes agresivas, todo lo resolvía con agresividad, gritos, insultos o incluso a las manos. Con ello, posiblemente solucionaba un problema pero generaba uno peor.

La siguiente nueva conducta por aprender fue controlar mi temperamento y transformarme en una persona pacifica y respetuosa de todo los seres vivientes, que comenzara a tratar a todas las personas de forma cortés. Esto no significa que si una persona me cobra de más en el supermercado yo no voy a reclamar lo justo, sino todo lo contrario, uno comienza a hacer valer sus derechos de una manera mas eficiente, basado en el respeto y la firmeza. Si el mal entendido no se arregla, siempre podemos ir a otro lugar, quizá sea mejor para nosotros ir a un nuevo lugar donde podríamos conseguir algo o alguien que traiga cosas buenas a nuestra vida.

Otra situación que recuerdo, es que nunca aceptaba las opiniones de los demás, sólo debía hacerse lo que yo decía y como yo lo decía. Yo era un sabelotodo, no podía admitir que no sabía algo o que alguien supiese o hiciese las cosas mejor que yo. Eso era simplemente inaceptable. Por tanto la conducta a aplicar sería hacerme flexible, aceptar que todos somos parte de un todo y que en algún momento podríamos ayudarnos mutuamente ya que las metas comunes son las mas importantes.

Por último, tenemos esa enfermiza competencia con todo y con todos. Nunca hice algo para perjudicar a otros, pero acusaba a todo el mundo de hacérmelo a mí, de ponerme el pie para tumbarme y hacer cosas para dañarme. Tenía un complejo de persecución. Todos eran mis rivales y por tanto yo quería ser el mejor. Hoy día, sé que sólo debo competir con ese hombre que veo en el espejo del baño todas las mañanas.

Conducta numero seis: tu única competencia eres tú mismo. Tienes que ser mejor que tú. Que ese tú que viste ayer, asume el compromiso de ser mejor cada día, eso te permitirá estar en un mundo mejor y mejorar tu entorno. Tu único punto de comparación es el tu de ayer.

Para terminar con estas líneas, que espero te sirvan mucho, quiero mencionar otro de mis twits recientemente enviados. Dice: ‘la vida no se trata de encontrarte a ti mismo, sino de crear un tú único y maravilloso...’ yo espero que este conocimiento que he compartido contigo te sea útil para lograrlo.

Se feliz amig@ :).

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