De acuerdo con las leyes karmicas, todos los seres atados al ciclo de nacer y morir tenemos lecciones que aprender en nuestras vidas. Con frecuencia empezamos a quejarnos por no ser felices y no lograr en la vida todo lo que deseamos. Nos preguntamos frecuentemente por qué no hemos logrado lo deseado. Comenzamos a cuestionarnos, el por qué de nuestro fracaso. Pensamos que hemos hecho todo lo correcto, que nos hemos desempeñado perfectamente en el trabajo y que hemos hecho todo lo necesario para ganar más, que no nos dan reconocimiento por lo que realizamos. Nuestros jefes en ocasiones están menos preparados que nosotros o tienen muy poca visión de negocio o crecimiento, o simplemente no reconocen a los individuos y sus talentos individuales sino que se concentran en escuchar chismes y comentarios y vivir de los aduladores.
Cuando analizamos nuestro entorno laboral, vemos que estamos en un empleo que nos hace infelices, pero el miedo al cambio y la necesidad de nuestro salario nos hace sentirnos maniatados creemos en la frase ‘mejor malo conocido que bueno por conocer’, también nos damos cuenta de que hay compañeros de trabajo que adulan a nuestros jefes y logran lo que nosotros deseamos, eso por lo que tanto hemos luchado por alcanzar sin resultado alguno, o simplemente vemos otros trabajadores que manipulan situaciones y reciben reconocimientos por un buen trabajo cuando en realidad hacen que otros hagan su trabajo y ellos se llevan el crédito y el reconocimiento. Lo peor de todo, es que nuestros superiores no se dan cuenta de ello, constantemente felicitan a estas personas sin escrúpulos y nosotros cada día nos sentimos peores y más fracasados y más frustrados. Comenzamos a despertar en nosotros sentimientos nefastos, malos deseos, odio, envidia, comenzamos a participar del chisme y los malos comentarios, siendo coparticipes en la creación del más pesado de los climas laborales, la competencia mal sana, el chisme, la intriga y la envidia.
Cuando revisamos nuestras vidas, somos totalmente infelices, nos sentimos frustrados y fracasados. Tenemos un automóvil pero queríamos uno más grande. Tenemos un apartamento pero deseábamos una casa, con una piscina y otra cantidad de cosas. Nuestra pareja nos a llenado de quejas, de momentos de espera, de momentos de suposición, de promesas y de millones de disculpas, nuestro corazón esta lleno de reclamos, hechos y sin realizar. Nuestros hijos terminan siendo diferentes a los que soñábamos y nos sentimos insatisfechos con su desempeño académico, deportivo, social, musical, etc. Esto crea una cadena de sufrimiento tanto en nosotros como en nuestros familiares. No alcanzamos ser felices y cada día nos sentimos peor. A veces pensamos en que seríamos casi capaces de hacer cualquier cosa con tal de lograr lo que tanto deseamos.
Las razones para todo este sentimiento están en miles de millones de tóxicos que están a nuestro alrededor, que nos han bombardeado por años, que han hecho espacio dentro de nosotros y que nos hacen infelices. Los medios de comunicación nos bombardean con dinero, autos, casas lujosas, nos venden la felicidad a través del dinero, por otro lado nuestra sociedad nos ataca haciéndonos creer que el dinero, los vehículos automotores, los reconocimientos, los diplomas, los botones y las condecoraciones nos proveen de respeto, poder, fama, popularidad y control y que todas ellas juntas son la felicidad real y plena. Todas estas son cosas efímeras que además nos hacen sufrir a nosotros y muy probablemente a todos en nuestro alrededor. Por ejemplo, un hombre con mil condecoraciones colgadas en una de las paredes de su casa hace que su familia se sienta orgullosa de él, pero si ese hombre le dice a sus hijos que no hay nada mas importante en la vida que el reconocimiento y las condecoraciones y que el que no las logra no es nadie, comienza a generar un círculo monstruoso de estrés, angustia, dolor y sufrimiento de toda índole en sus hijos guiándolos por el camino de la infelicidad. Con esto no quiero calificar el hecho de que alguien reciba felicitaciones o reconocimiento como algo negativo. Muy por el contrario, lo realmente dañino es la necesidad de recibirlos, la creencia de que las personas no tienen valor si no son reconocidas, el narcótico social en el que se convierte, esa necesidad que se transforma en un arma para herir o hacer sufrir a otros a través de la creación de necesidades ficticias. ‘necesito que me quieran, necesito que me feliciten, necesito que me digan, necesito esto, necesito lo otro’. Esto me hace recordar inclusive cuando alguna veces he escuchado un refrán ‘que hablen bien o mal, pero que hablen de uno es lo importante’.
El que hablen de nosotros no es importante. Que dejemos de sufrir y que esas cosas que hablamos en las líneas anteriores dejen de afectarnos física y emocionalmente, si lo son y muchísimo. Nosotros no necesitamos de esa dosis narcótica social para sentirnos parte de algo. Nosotros somos parte del universo aun sin quererlo, ya somos parte de algo inmenso, pertenecemos. Para poder entender esto aun más debemos abrir bien nuestros ojos y tratar de ver todo con una visión muy clara y objetiva. Debemos dejar nuestras creencias, tabúes, miedos y otros de lado y ver todo con claridad. Luego debemos analizar ver las consecuencias, estudiar las causas que han producido ciertos efectos. Posterior a ello, tengamos el valor de evaluar, de estudiar si realmente todo ese dolor y sufrimiento ha valido la pena, si con ello hemos hecho daño a otros y cuanto daño hemos hecho. Por último, creemos una estrategia que nos permita tres cosas. 1ro) librarnos del sufrimiento y hacernos responsables de nuestras propias vidas quitándole el poder a lo narcóticos sociales y a la sociedad misma. 2do) corregir los errores que están intoxicando el presente y encaminarnos a la felicidad y la aceptación sobre todo de nosotros mismos. Y 3ro) y último, tratar de corregir todo lo que le hemos hecho a los demás y tratar de ayudarlos a conseguir lo que nosotros ya hemos conseguido. La desintoxicación social, la independencia, el camino a la plenitud.
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